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God is our witness [Priv. Chizuru]

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God is our witness [Priv. Chizuru]

Mensaje por Rem el Miér Sep 02, 2015 10:02 pm

Inmutable, el mundo permanecía en un estado de homogeneidad tan puro que solo podía ser denominado como “propio” de él y la inmensidad de elementos que lo ocupaban, pasible, aunque la adversidad de cientos de miles de millones de voces atentase contra su estabilidad, aquello, tan raro como natural podía volverse un hecho ignorado por la mayoría, uno que fácilmente podía ser pasado por alto durante la entera vida de una persona, eso era ciertamente algo que Rem junto al descubrimiento de aquella irrevocable verdad había descubierto, no porque fuese más sabio que los demás, sino porque había tenido más tiempo para reflexionar que muchas de las criaturas que en Frontier u cualquier otra parte del mundo habitaran, fue en ese preciso instante, doscientos noventa y nueve años después de despertarse bajo la sombra de un cedro en Fairy Woods, que entendió el inalienable miedo que atormentaba día a día a los de su raza, aquel que confinaba sus corazones y mentes a un pequeño retazo del mundo en el continente de Wonder, el mismo que los apartaba de la indescriptible experiencia de vivir con soberana longevidad en aquel mundo de la forma en que él lo había hecho, u incluso de una más atrevida…. Sintió lastima en aquel momento, una que progresivamente fue transformándose en determinación.

- ¿Hmmm? no bromees con esas cosas – exclamó con animosidad el de cabellos plateados, dejando escapar con simpatía una sonrisa, en su traje monocromático, sostenía con su mano protegida por un guante el mango de una regadera mientras, sereno, caminaba con soltura hacia la cornisa de una ventana – La sra. Kingley es amable contigo porque así lo ha querido, yo no tengo nada que ver en esas cosas – soltó arqueando ambas cejas y dibujando una sonrisa en señal de picardía, decía la verdad por su puesto, pero intentaba contradecirlo con su forma de actuar en una especie de juego – Ah – suspiró – De todos modos…. ¿Qué no se supone que tienes don para estas cosas? – Señaló dejando la regadera en el suelo, al tiempo que alzaba la vista y señalaba el cielo – Eres una planta cuya vida se basa en esperar el sol y la lluvia ¿Por qué me has hecho ir a buscar esto si sabias que la lluvia se aproximaba? – el cielo se había mosteado de negro y gris, haciendo el aire pesado e inundándolo de un olor a humedad - ¿Eh? – soltó frunciendo el seño en señal de incredulidad – Llevo trescientos años hablando con plantas ¿realmente crees que me voy a tragar esa mentira? – Exclamó, tomando la regadera en un arrebato de decepción y volviéndose para sumergirse en la oscuridad que inundaba la capilla – Se que puedes sentir la lluvia venir con horas de antelación, ve a mentirle a alguien más – soltó con un deje irónico, pues claro, él era el único de su clase en aquel lugar.

Vacía como solía estar en aquel día de la semana, la capilla poblada por pilares y una multitud de banquetas de madera era conquistada por una particular oscuridad, iluminada comúnmente por la luz del exterior, de uno en uno pequeños candelabros y velas dispersos por el salón sentados en estructuras de piedra y metal generaban una tenue luz sobre el lugar, apenas suficiente para despejar la oscuridad que en ausencia del sol prosperaba, entintando al mismo tiempo la piedra en las tonalidades cálidas propias del fuego, no era desagradable pero tampoco agradable, por el contrario, dibujaba una escena tan profundamente arraigada en la imaginación a aquel tipo de ambientes que solo quedaba tomarla con familiaridad. La lluvia marcaria el último elemento de aquel cuadro, repicando contra la piedra del tejado y paredes hasta colarse al interior de la estructura como un constante y atento susurro.
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Re: God is our witness [Priv. Chizuru]

Mensaje por Chizuru Narumi el Miér Sep 02, 2015 10:39 pm

En un lugar de la existencia, existía una joven muchacha que renegaba todo tipo de lazo con la gente de su clase. Ella se consideraba una más cómo el resto, por eso mismo no quería seguir el camino que su propia vida le había guiado. Chizuru, cómo se le conocía, era una de las personas que posiblemente sean de las más odiada por la gente que tiene razón y conciencia de todo lo que puedan llegar a hacer ellos, por eso mismo nunca le agradó y ni mucho menos le agradará en un futuro la vida que ella está llevando. Por eso mismo, con valentía y algo de miedo, siempre buscaba mil formas de poder llegar a la gente que necesitaba ayuda para poder brindarle una mano, por muchos los peligros que ella tenga que pasar, se esforzaba día a día para poder ayudar al resto, era lo que le llenaba la vida y también le daba muchísima alegría. Una persona que usaba sus lujos para los demás.

Aunque eso a futuro podría traer muchísimas consecuencias. Bien lo sabía una de las criadas de la rubia, era la más cercana a ella y le tenía muchísima confianza. — Tenga cuidado señorita, sabe cómo son los de la Frontier. — El rostro de la mujer estaba clavado en los ojos de la rubia, mostrándose preocupada y también muy asustada. Chizuru sabía muy bien que ella era la causante de todas las canas verdes de ella, pero no podía no hacerlo, era lo que ella quería y por mucho que la gente no les agradece los descendientes del sol, ella vería la forma de pasar desapercibida ante el resto. — No te preocupes por ello, Ellie. Ya sé cómo manejarme con los demás, pocas veces me han descubierto, más que también sé cómo defenderme. — Aunque ella le mentía para no generarle más preocupaciones, movería su mano derecha para intentar calmarla, después de todo, sí algo le pasaba a ella lo más seguro que la mujer adulta le caería toda la culpa, algo que ella no podía permitirlo. Para luego de aquello, despedirse de ella y partir en rumbo a Caerleon, un lugar que siempre había querido ir y conocer.

Ella con una vestimenta cómoda, unos pantalones de color azul, sandalias y un chaquetón de color marrón oscuro, acompañado de un moño simple en su cabello, comenzaría su rumbo hasta aquella ciudad. No conocía mucho de ella, dado a que era bastante despreocupada con los lugares que estaban alrededor, algo que siempre le recriminaron sus padres en los días que se mantenían vivos. — Malditos viejos… — Alegó en voz baja, mientras que el transporte que había pedido la dejaba en la entrada de la gran ciudad. Siempre se las arreglaba para tener a gente ayudándola en sus “caprichos” de Robin Hood o de una ayudadora de las sombras cómo se denominaba ella.

— El día al parecer se pondrá feo… — Soltó un suspiro vago, mientras que comenzaba a caminar por las calles de la ciudad. Pudo notar cómo varias de las personas que estaban ahí estaban resguardando sus puestos, dado a que el clima no estaba acompañando a quienes eran mercaderes y también “turistas” por así decirlo. “De seguro no quieren perder sus cosas…” pensó y meditó aquello la rubia, mientras que sentía cómo varios ojos se posaban en ella. Lo más seguro que pensarían que era una extranjera de la ciudad o simplemente una desconocida. Sus cabellos rubios, tez clara y mirada eran distintas a los demás, rasgos muy finos y singulares, algo que comenzó a preocupar a la rubia.

Observó el camino rápidamente para buscar una solución a lo que podrían ser futuros problemas y se fijó en un camino que la llevaría a lo que parecía ser una iglesia. Soltó una pequeña sonrisa, mientras que comenzaba a sentir cómo el cielo cubría completamente al lugar y hacía caer pequeñas gotas que a medida que pasaba el tiempo, estas comenzaban a ser mucho más fuertes que antes. — El día que se me ocurre salir… — Suspiró, mientras que a un paso rápido comenzaba la rubia a hacer para poder llegar a la iglesia. No conocía lugares en donde podría quedarse, dado a que el conocimiento era bastante nulo en ese aspecto en la mujer, por eso mismo pensó que lo mejor, más por sus enseñanzas, que la iglesia era el mejor lugar para poder quedarse.

La estructura se hacía cada vez más y más grande. Ella se encontraba bastante impresionada y también maravillada por la hermosura de esta. “Que bella es…” fue lo que pensó, mientras solo le bastó unos segundos más, para poder encontrarse en la entrada de dicho edificio religioso y situarse en un pequeño techo que estaba a la entrada de esta.

— Supongo que tendré que esperar por acá. — Dijo, sin conocimiento si hubiese alguien más cerca de ella, comenzó a quitarse un poco el agua de su cabello y de su ropa, sintiendo olor a plantas que estaban mojadas a su alrededor, pero no se movió para observar, debido a que su preocupación era otra.

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Re: God is our witness [Priv. Chizuru]

Mensaje por Rem el Jue Sep 03, 2015 12:23 am


Tenue, pequeños cuerpos de agua golpeaban la roca una y otra vez, humedeciendo la dureza del mineral y arrastrando lejos todas las impurezas que en el tiempo se hubieran podido acumular, era como un respiro de aire fresco, uno que desminuia las cargas del peliblanco como clerigo de aquella institución.

- Alphi, Bran, Lorell, Michael, os dejo afuera o preferís entrar? Puede que la lluvia apriete.... - exclamó en la aparente soledad de la estructura de piedra, escuchando las inaudibles respuestas del conjunto de plantas con las que aparentemente solo él podía charlar – Bien, os dejare cerca de la ventana para que absorbáis la humedad ¿que les parece? - sonrió ante la respuesta y avanzó hasta la cornisa nuevamente, removiendo una a una casi mecanicamente las macetas para colocarlas al pie de la ventana cerrando posteriormente las ventanas de madera a través de la estructura. Eventualmente se detuvo, silencioso frente a la maceta que había dejado para el final, la observaba con indiferencia, esperando algo llamase su atención.... - ah – exhaló, a punto de tomarla para ser interrumpido por el golpeteo del caminar ajena sobre la roca que cubría el suelo de la estructura, volteo casi al instante, recibiendo las mudas quejas de la planta frente a si – shhh – soltó con esmero al instante - ¡no me dejas oír! ¡calla! - gritó entre susurros, alcanzando con sus orbes la enorme puerta de madera tratada y metal que resguardaba la entrada, titubeo por un segundo, ladeando la cabeza mientras intentaba pensar – Hay alguien.... - exclamó, observando la sombra que se cernía por la rendija de apenas centímetros que dejaba por debajo la puerta, la planta agobiada por el aumento de la lluvia aun reclamaba, ignorada, mientras el de cabellos plateados se acercaba hacia la puerta con agilidad y sigilo propios de un animal silvestre.

Se acercó todo cuanto pudo a la madera de la puerta, inclinando su rostro sobre la misma al punto de eliminar el espacio entre ambos, si antes había visto la sombra de alguien afuera ahora debido a su cercanía con la madera podía escuchar lo que yacía al otro lado, una respiración tal vez agitada y del movimiento inconsciente el clásico roce entre ropa y piel le terminaron de alarmar de la existencia ajena ¿abrirle o no? Era algo algo tal vez mas obvio de lo que parecía tenia fundamentos en la fe que como miembro de aquel culto ahora perseguía. Se separo de la puerta por un instante, desbloqueando la cerradura en un sonido metálico que seguramente llegaría a la persona del otro lado antes de que el llegase a abrir la puerta por completo, hallando al otro lado, cuando lo hizo, a una joven humana.

Rem había vivido por aproximadamente doscientos años en el continente de Frontier, viajando de un lado a otro, visitando lugares y conociendo gente, por ello y aunque su memoria no era la mejor, estaba orgulloso de su capacidad para reconocer rasgos, clases sociales e incluso familias, para el que era de una especie diferente era como intentar reconocer entre razas de perros, buscar características que eran comunes en ciertos lugares o familias, por ello, cuando se topo con los ojos celeste de la chica y tuvo tiempo para distraerse con sus cabellos, ropas y la claridad de su piel se dio cuenta que, sino era una noble, tenia parentesco con alguno de estos ¿real u alguno de los retoños que los de cuna privilegiada dejaban en los vientres de la gente común? La recibió llevando su mano a la espalda y la otra al abdomen, justo antes de sonreír para realizar una reverencia – Buenas tardes señorita ¿la ha atrapado la lluvia? - preguntó con jovialidad, presenciando con sus propios ojos la respuesta a su pregunta ¿y por ello? Se aparto de la entrada apenas tuvo oportunidad, llevando consigo la puerta y alzando la mano en una señal que la invitaba a pasar – La iglesia siempre esta dispuesta a recibir a quienes lo necesitan, pasa si gustas, el interior es mas cómodo de lo que aparenta - exclamó.
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Re: God is our witness [Priv. Chizuru]

Mensaje por Chizuru Narumi el Vie Sep 04, 2015 12:55 pm

La mujer rubia se le notaba su rostro de decepción, debido a que no le agradaba para nada la idea de que el clima estuviese feo en este momento, más aún cuando lograba poder salir de su burbuja de lujos para poder adentrarse al pueblo y así poder ayudar en todo lo que fuese posible. Era una mala señal en cierta manera que el clima le jugase una mala pasada, pero no por aquello, pensó con claridad ella, bajaría los brazos. De alguna u otra manera, buscaría la forma de poder cumplir su cometido o al menos conocer un poco de lo que pasaba en las distintas ciudades que ella aún no conocía, para tener una mejor claridad de cómo se veía el mundo en sí.

Un sonido interrumpió el sonido de la lluvia que escuchaba ella, en donde sintió que había movimientos en la puerta que estaba a solo unos pasos de su persona. Se asustó un poco, pero observó con detención dicha puerta hasta que la abrieron completamente, moviéndose un poco a un costado para no interrumpir dicho acto. Al salir, un joven de cabellos albinos aparecería y la observaría con detención. No supo que responder la rubia, dado a que siempre cuando la pillaban de improvisto se quedaba un poco muda, por eso mismo esbozó una sonrisa nerviosa, mientras que escuchaba las palabras del albino que se encontraba adentro de la iglesia.

— Buenas tardes… — Dijo con un ligero tono de desconfianza, mientras que intentaba arreglarlo para hablar con muchísima más seguridad. — S-Sí… No me percaté que haría un mal clima hoy día y quedé totalmente empapada. — Río de la vergüenza o quizás pena que tenía ella al comentarle dicha escena que le había acontecido, pero uno de los plus que tenía la mujer que no era deshonesta consigo misma y no tenía ningún tipo de tapujo de comentar cosas de ella, fuesen buenas o vergonzosas a los demás, al menos creía ella que así era una forma de ser abierta y honesta con los demás, para que le agarrasen cariño y confianza al estar con ella.

Una invitación saldría de los labios del hombre ajeno. Sonrío al escuchar que podría resguardar darse en un lugar cómo este, por eso mismo le esbozó una sonrisa más sincera y con un ligero rubor en las mejillas. — ¿De verdad podré? Muchísimas gracias… Ya me está entrando un poco de frío y la ropa húmeda no ayuda mucho. — Era muy extraña la sensación que sentía ella, luego de siempre tener todos los cuidados posibles en el lugar donde ella vivía, le era raro vivir precariedades, tales como el frío, el hambre, el miedo, etc. Pero sentía que así podría ver cómo vivía la gente y sentir lo que a diario estas personas aguantaban.

— E-Es muy lindo este lugar… — Intentó iniciar un poco la conversación, pero le era un tanto difícil. Por eso mismo desviaba un poco su mirada para abajo, considerando que lo que acababa de decir ella era un comentario inútil y vago.

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Re: God is our witness [Priv. Chizuru]

Mensaje por Rem el Vie Sep 11, 2015 1:09 pm


¿Musa, Inspiración? No diferente de la conspiración del destino, el autor depende de ambos para dar rienda suelta al que el mismo y la gente suelen llamar “talento”, quizá tan caprichoso como el destino, inconstante y casi azaroso, fluctúa como un ente vivo en el corazón y mente de quien aunque arrogante sirve como su esclavo e instrumento ¿Irónico? Mientras  más crece, escapa de la perspectiva de su portador y a su vez se alimenta y consume los sentidos que, algún vez propios, pasaron a convertirse en ventanas del mundo para aquel ente misterioso, mismo que conforme a los estímulos que reciba a través de ellas puede elevarse en un eufórico estallido de inspiración o, caso contrario, sumirse en un caótico vórtice de decadencia, que cual abstinencia mortifica el alma, corroyéndola en una enfermedad que entre dolores y vociferaciones nubla la mente, intoxicando sino es que el mismo cuerpo con un malestar tan palpable, e incluso peor, que el de la fiebre u el malestar común, un muy desbalanceado estado de costo y ganancia, en el cual conforme mas se va perdiendo, mas placer se haya en la realización de los esfuerzos. Ambiguo entonces es el estado mental del escritor, que cuando no se encuentra sumido en éxtasis, se encuentra en estado terminal de padecimientos, y que cuando no se encuentra en ninguno de los dos, no es capaz de encontrar vida en el día a día sin volver a sumirse en el círculo u abandonarlo por completo…. Pero no es que pueda saberlo a ciencia cierta, pues, impredecible como el mismo estado de la inspiración, son los estados de la cadena e incluso sus variantes, por la cuales, especialmente el del abandono, no pueden ser determinados con exactitud. Tal es el caso de quien narra, que aun con la posibilidad, retenido por el miedo de perder el poder, ha sido incapaz de abandonar el dichoso círculo.

Decir que la figura al otro lado de la puerta era bella seria quedarse corto, no porque la palabra dejase espacio al describir su apariencia, sino porque usarla sin compañía era cuanto menos ser inexacto. Primordialmente Rem carecía de un sentido ortodoxo del tiempo, por su raza y tiempo de vida, lo que a posteriori afectaba la atención que ponía sobre las cosas “mundanas” los rostros, nombres y eventualmente datos como la edad, fechas e incluso procedencia empezaban a carecer de importancia y caían en un metafórico foso del olvido, no así con los rasgos y cosas como el color de la piel, el cabello e incluso elementos más empíricos, como acontecimientos de la historia, vegetación, fauna y clima ¿en general? Cosas a las que una persona normal le prestaría más atención empezaban a parecer vanas, mientras que otras por su naturaleza longeva e imperturbable empezaban a cobrar más importancia, uno podría describir a una persona por su color de cabello, piel e incluso rasgos como la altura, el peso e incluso los del rostro, no así con la edad, lugar e incluso nombre, cosas que se difuminaban entre el tiempo y la cantidad, la apariencia de aquella chica entonces encajaba en ambos apartados, pues así como seguramente olvidaría su rostro y nombre de llegar a conocerlos, la impresión de elegancia, juventud y belleza que poseía la fémina se conservaría en la memoria del chico como uno de los dotes propios del género humano del cual esta era parte ¿por ello? aun sin transmitir su opinión, inmutable, mantuvo una ligera sonrisa y postura cordial – No te preocupes, esta zona de Camelot ha sido así desde siempre – exclamó condesciende el de cabellos plateados – El cielo de Caerleon es particularmente engañoso, despejado o lleno de bruma muy pocas veces el clima revela sus caprichos, días nublados pueden dejar esperando la lluvia hasta caer la noche, y aquellos soleados pueden soltarla torrencialmente en cuestión de minutos, justo como ahora – soltó con cierta jovialidad, la joven no tardaría en abrirse paso hasta el interior de la capilla dejando tras de sí un comentario que, luego de cerrar la inmensa puerta de madera, Rem sería incapaz de ignorar - ¿Frio? – dejo escapar con cierta sorpresa, lógico era el desenlace de haber traído al interior a alguien en esas condiciones, mismo que al no estar seguro en un inicio no logro proveer obtuso fue luego el comentario de una planta sobre la cornisa que aun no había despejado, casi halándolo prácticamente hacia allí, como poseído, llegando para re-ubicar la maseta en el piso y cerrar el ventanal  - ah perdón ¿decías... que es lindo el lugar? – exhaló secando sus manos de la lluvia que, por un instante, logro atrapar sus manos a través de la ventana, estiró enseguida un puntapié con su talón hacia la maseta que, muda como solo un objeto inerte podía estar, no dejaba de susurrar palabras a su afortunado oído – Yo he estado tanto tiempo aquí que he dejado de notar si es un lugar lindo o no, aunque supongo que lo es, pues fue una de las primeras cosas que pasaron por mi cabeza cuando llegué – respondió, moviéndose como si no pudiese evitarlo a través de las sillas - Tal vez no sea mucho… pero estoy seguro de que por aquí hay algo puede ayudar con el frio – soltó con cierta inseguridad, había a travesado la sala en poco menos de 5 segundos, desapareciendo tras una pared durante no menos de la mitad de eso, asomó la cabeza luego desde allí para con un gesto casi infantil extender la mano y con ella llamar a la chica. Al otro lado de esa pared se encontraría con una puerta abierta que daría hacia un pasillo no muy extenso, de tal vez dos metros de largo, que desembocaría en lo que parecía ser un área de descanso para los clérigos, un cuarto o vestíbulo perfectamente rectangular rodeados de ventanales los cuales, protegidos por un grueso vidrio en diseños de rombo y rodeado por hexágonos de varillas negras, se mostraría a duras penas el exterior, siendo entorpecida la vista por el espesor de la lluvia y la bruma provocada por el aliento que empañaba “el todo”, allí, una pequeña mesa circular de madera estaría juntada con otras tres sillas del mismo material, junto a una cocina revestida de mármol que ocupando media habitación dejaría espacio para una variedad de estantes colmados de ingredientes e indumentaria gastronómica, junto a los cuales se hallaría una puerta lo suficientemente grande como para dejar entrar a una persona, misma en la que rápidamente el de cabellos plata hundiría la cabeza en busca de cierto “algo”.

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