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Entrenamiento para Infantes | FIC | 1.254 Palabras

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Entrenamiento para Infantes | FIC | 1.254 Palabras

Mensaje por Drake K el Sáb Sep 05, 2015 10:07 pm

Me levanté temprano por la mañana, era la hora del entrenamiento. No se si mi tío era mejor caballero que mi papá, pero era igual de dedicado y atento, lo que era una ventaja. Aprendí de él todas las técnicas relacionadas con nuestra familia que pude, tanto de mi escuela como de otras artes con espadas, lo que era un verdadero placer para mí. Con mi indumentaria para ejercitarme, fuimos a una área especialmente reservada para los entrenamientos grupales, era uno de los privilegios al contar con una propia escuela de espadachines, mi padre estaba siendo un tanto exitoso a medida que avanzaba la fama de su propia escuela. Como era usual, sin importar cuanto intentará madrugar, él ya estaba ahí, antes que yo. Inclinando mi cabeza, le salude en señal de respeto. Mi tono de voz era suave, y calmado – Buenos días Maestro. – Era una especie de regla, en esta zona, los lazos familiares se desechaban, si el me seguía viendo como a un sobrino, podría contenerse, un error que un oponente no haría, por eso era usual que volviera a casa lleno de cicatrices y cortaduras, pero no me molestaba. El retomaba su actitud amable y juguetona que siempre mostraba durante sus visitas a la casa. Sin mediar palabras, lanzo una espada frente a donde me encontraba, no creo que la intención fuera intentar lastimarme, por lo que levante la hoja sin miedo alguno. Hablo con seriedad como era de esperarse. – Hoy te enseñare una forma de aumentar el poder de corte además del rango. Quiero que observes muy de cerca lo que voy hacer, no lo repetiré más veces de lo que sea necesario así que procura aprender rápido. – Como él mandaba, pose mi mirada sobre cada musculo de su cuerpo y la postura que hacía. Mis sentidos apenas se encontraban en la etapa más básica y no se podía igualar a la forma inusual de mi maestro para detectar amenazas o formas de intentar lastimarle antes de que ocurrieran. No sabía como poseía una habilidad como esa pero después de todo, para mi era algo maravilloso, infaltable para cualquier aprendiz de espadachín. Siguiendo sus instrucciones, intente concentrarme para recrear cada uno de los movimientos que hacía, pasaron unos minutos antes de que lograra crear con total naturalidad las mismas formas y posturas de combates que el realizaba sin ningún tipo de problema frente a mí. Con una sonrisa en el rostro, conteste. – Listo. ¿Qué sigue? – Sin pensarlo mi maestro di un salto para caer frente a mi, luego me dio un pequeño golpe en la cabeza. – Lo estás haciendo mal. Te mostrare. – El saco un una cucharilla de su bolsillo, para retarme con ella. La diferencia era notable. Su arma no tendría oportunidad contra una espada, además del rango que obtenía conocía formas con las cuales dar golpes mas certeros. Sin dudarlo, avance para dar el primer ataque. Moviendose como si todo su cuerpo fuera ligero, detuvo mi arma antes de que pudiera terminar la aproximación. Luego de eso comenzamos a intercambiar golpes, pero poco a poco sentía como me dominaba a pesar de la diferencia entre herramientas. ¿Acaso la habilidad podía marcar tanta distancia entre él y yo? Estaba cerca observando los movimientos de piernas mientras que intentaba adelantarme, mantenía una postura rara, equilibrando su peso entre sus dos piernas para desviar con un movimiento lento y casi aletargado. Me tomo alrededor de una hora ser capaz de seguir toda esa extraña forma de bloqueo, un poco de esfuerzo y habilidad bastó para que aquella cuchilla comenzará a impactar sobre el metal creando ligeras fragmentaciones en aquella herramienta de cocina, pero lo suficiente como para que el diera una señal de aprobación. Me señalo que cortara un pedazo de madera cercano, algo que no tarde en hacer con mi cuchilla. Arranque un tajo con facilidad, como si de mantequilla se tratará. Esta vez sí di un fuerte grito, para celebrarlo como me gustaba hacerlo.

Un silbido me trajo de vuelta a la realidad. Al darme media vuelta vi a mi tío, quien me hizo un gesto para que le lanzará la hoja, sin dudarlo le tire la espada, este la tomó habilidosamente para luego con un giro arrojar un corte que viajo a través del aire, levantando polvo al estrellarse con una pared. La onda viajo unos cuantos metros hasta su objetivo, algo sorprendente. – Eso se llama un corte de aire, es el segundo paso de la lección. Toma, intenta lanzar cortes, no podrás hacerlo con tu nivel actual pero necesitas acostumbrarte a los movimientos de brazos y aumentar la fuerza con lo cual das los mismos. – Asentí en señal de aprobación, para luego tomar la espada. Cerré mis ojos tratando de memorizar todo lo que vi hacia solo unos segundos. Un flujo constante, mover el brazo en líneas rectas, mantener la constancia. Mi primer intento fue un fallo, abanique con mucha fuerza esperando obtener un resultado familiar, pero no ocurrió nada. El eco de la risa de mi tío casi rompía mi concentración, pero eso no me importaba. Repetí el proceso una, y otra, y otra vez. Obteniendo el mismo fallo, el cansancio estaba comenzando a pasar factura, una verdadera molestia. Mi maestro se agacho para estar más cerca de mi rostro, me dio una enseñanza importante colocándose en mi posición. – Necesitas mas poder. Tu pequeño cuerpo no logrará nada similar, menos ahora. No te sobre esfuerces. Pasemos a lo siguiente. – Exhale un tanto molesto por los fracasos pero no tenía nada que decir en su contra. No es como si mi pequeño cuerpo pudiese otorgarme habilidad sobrehumana o si acaso fuerza con la cual destrozar el metal de un solo golpe, aun así comencé a hacer prácticas con sombra mientras intentaba llevar acabo una pelea imaginaria. A menudo me sugerían realizar este tipo de combate, esperando así lograr dominar el arte de la espada. Casi pude escuchar la señal de mi Maestro, la aprobación era el primer síntoma de mi cercanía con el éxito. Nuevamente hice el mismo ejercicio, mover la hoja al mi alrededor, pero al final gire mi cuerpo manteniendo mi agarre en el mango de manera inversa, esto me permitió enviar una fuerte corte capaz de mover un poco las hojas que estaban repartidas por el suelo, estas viajaron un poco mas de lo usual, siendo producto de una combinación de mi movimiento con una conveniente fuerza. Mi respiración comenzaba a ser pesada, algo cansado me retiraba un momento para comenzar a descansar. La práctica era sencilla pero la constancia que tenía que mantener lograban agotarme en mayor medida. Nuevamente escuche los aplausos, mi maestro me otorgaba algo de confort. Eso significaba que progresaba con velocidad en las enseñanzas de la Esgrima.

Ya comenzaba a caer el mediodía, y comenzaba a sentir la fatiga tras aquel último esfuerzo. Caí de rodillas con una sonrisa en el rostro, mirando a mi tío le hice una pregunta. – Que... Es… Lo que sigue… - Dije entre respiraciones para tratar de recuperar la compostura, moviendo mi cabello, con una sonrisa en el rostro, me dio la respuesta deseada. – Vamos por el almuerzo. Un caballero no puede hacer nada si tiene su estómago vació. Ven, seguro esperan por nosotros. Recoge la espada y las demás armas. – Sintiéndome rejuvenecido, corrí de un lado a otro tomando las armas, la espada y la caja llena de proyectiles. Seguí adelantándome, ya comenzaba a ser ruido mi barriga, necesitaba un buen alimento. Y que bueno que contaba con la mejor cocinera en casa.

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